Aunque en todas partes hay prostíbulos más o menos regulados, lo que plantea esta escena sería maravilloso. Llegar a un catálogo de coños, como un menú de un restaurante de comida rápida, señalar la vagina que te quieras comer y que te la entreguen en el acto. Cómo no, esta idea tan perversa viene de los japoneses, expertos en este tipo de situaciones bizarras.


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