Esta zorra rubia está de suerte. Ha llegado ha casa y le han cambiado el suelo por unas losas rojas y amarillas. Ocurre, que algunas losas tienen unos agujeros por los que salen grandes pollas duras, rabos que esta jovencita cree suculentos y apetitosos. No sabe a qué nabo antender y se pone a chuparlos todos mientras pajea los demás. Luego traga todas las corridas.


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